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Restringir la ingesta de comida a 10 horas y ayunar el resto del día podría ser la clave de una buena salud

Para la mayoría de personas normales y corrientes, esas que tienen que levantarse cada día para ir a trabajar, realizar las tareas del hogar, ir a comprar y, en definitiva, afrontar los obligados quehaceres diarios, la jornada arranca con un escueto desayuno y finaliza catorce o quince horas más tarde con una copiosa cena. Estos hábitos de vida no son los más recomendables para la salud si se tiene en cuenta el ritmo biológico del cuerpo humano, también llamados ciclos circadianos y especialmente importantes cuando se trata de alimentación y sus consecuencias sobre la salud.

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Restringir la ingesta de comida a diez horas al día, ¿la clave de una buena salud?

Los ciclos circadianos han sido extensamente estudiados en el mundo de la Ciencia. Explicado de forma muy breve, se trata de las oscilaciones que sufren las variables biológicas en intervalos regulares de tiempo, en todo tipo de organismos vivos. En los seres humanos, está documentado que los genes para la digestión son más activos en las primeras horas del día, mientras que los genes para la reparación celular son más activos durante la noche, por citar un par de ejemplos. ¿Qué tiene esto que ver en la alimentación y la salud? Mucho, ya que respetar los ciclos circadianos del organismo podría ayudar a mejorar la salud de las personas simplemente cambiando los horarios de comida.

Un estudio publicado en agosto de 2018 por el Instituto Salk de Estudios Biológicos, una referencia mundial en el mundo de la biología, ha concluido que restringir la ingesta de comida a diez horas al día y ayunar el resto podría ayudar a prevenir el envejecimiento prematuro así como enfermedades metabólicas tales como la obesidad, la diabetes o el hígado graso. En la investigación, realizada sobre ratones de laboratorio, se comprobó que aquellos que ingirieron todas las calorías diarias en un intervalo de 10 horas mejoraron drásticamente su salud respecto a los que tuvieron la comida disponible, con las mismas calorías, durante las 24 horas del día.

En el estudio llevado a cabo por el Instituto Salk, se comprobó que incluso en ratones modificados genéticamente para ser propensos a sufrir enfermedades metabólicas, el control de las horas de comida y ayuno evitó que estos desarrollaran cualquier patología y se mantuviesen delgados y saludables. Los científicos llegaron a la conclusión de que mantener un estilo de vida tan sencillo como comer todas las calorías necesarias dentro de un intervalo de 10 horas puede restaurar el ritmo biológico del cuerpo y prevenir enfermedades metabólicas, incluso en personas con genes defectuosos.

Obviamente, el estudio realizado sobre ratones de laboratorio es el primer paso de una serie de investigaciones que el Instituto Salk (recordemos que es una referencia mundial en el mundo de la biología) plantea llevar a cabo. La próxima fase de la investigación será averiguar si comer dentro de un plazo de 8 o 10 horas puede prevenir o revertir las enfermedades relacionadas con el envejecimiento, así como aplicar el estudio actual a seres humanos.