Hay pruebas que no crecen por añadir kilómetros, sino por llevar a los participantes a lugares donde la bicicleta deja de ser solo una herramienta deportiva y pasa a formar parte de una travesía más amplia. La Trans-Nomad vuelve este año con esa idea llevada al límite, en un Pirineo que no suele regalar nada y que, cuando se acerca el otoño, obliga a medir cada decisión sobre el terreno.

La novena edición se celebrará del 30 de septiembre al 4 de octubre con solo 90 plazas disponibles
La Trans-Nomad by Orbea 2026 celebrará su novena edición del 30 de septiembre al 4 de octubre con un recorrido renovado por los valles de Bielsa, Chistau y Benasque. La prueba mantiene su carácter de cicloalpinismo y Enduro a vista, pero este año añade un punto de exigencia con una etapa inédita que rozará los 3.000 metros de altitud.
El evento volverá a moverse por algunos de los escenarios más técnicos del Pirineo aragonés, con más de 160 km de recorrido total y cerca de 10.000 metros de desnivel negativo cronometrado. En una prueba de este tipo, esa cifra no solo habla de bajadas largas, sino también de gestión física, lectura del terreno y capacidad para adaptarse a senderos desconocidos.
Uno de los cambios más relevantes estará en el protagonismo del valle de Bielsa, que será el campo base principal de esta edición. El proyecto Bielsa Trocs tendrá un peso destacado dentro del recorrido, junto al valle de Chistau y Puro Pirineo-Valle de Benasque, donde la carrera llegará el sábado 3 de octubre.
La organización conserva el formato blind racing, con tramos que los corredores afrontan sin entrenamientos previos y con el recorrido revelado pocos días antes. Esta fórmula mantiene la esencia de la competición de Enduro a vista, donde la técnica pura pesa tanto como la intuición y la capacidad para improvisar sobre senderos de alta montaña.
La gran novedad será esa etapa cercana a los 3.000 metros de altitud, una cota poco habitual incluso dentro de las pruebas de MTB más exigentes. A ese nivel, el esfuerzo cambia, la meteorología puede condicionar la jornada y cualquier error mecánico o físico se paga más caro que en una carrera convencional.
La prueba de cicloalpinismo en el Pirineo limitará de nuevo la participación a 90 dorsales. La cifra responde a la filosofía del evento, que busca conservar un formato reducido, controlar el impacto sobre el entorno y mantener una logística manejable en zonas donde el acceso y los traslados forman parte del propio reto.
Las inscripciones se abren este jueves 7 de mayo a través de la web oficial. En las dos últimas ediciones, las plazas se agotaron en apenas 4 y 6 horas, un dato que refleja el interés internacional por una carrera que atrae a corredores de España, Centroeuropa, Escandinavia y Estados Unidos.
La logística seguirá siendo uno de los rasgos diferenciales del evento. Tras las primeras ediciones con campamento móvil, la organización apostó por hoteles seleccionados, traslados en vehículo, asistencia médica de alta montaña y una zona diaria de paddock. Esta estructura reduce parte de la exposición fuera de la carrera, pero no rebaja la dureza real de los tramos.
El apoyo de Orbea y su proyecto Trail Tales también tendrá peso en la preparación de senderos recuperados y acondicionados para la prueba. Para los ciclistas que buscan una experiencia de MTB de alta montaña, esa combinación de recorrido secreto, terreno alpino y logística cerrada explica por qué la Trans-Nomad ha creado una comunidad tan fiel.
La edición 2026 apunta a ser una de las más ambiciosas de su historia reciente. No por buscar únicamente más desnivel o más altitud, sino por reforzar una identidad muy concreta: la de una carrera donde el resultado importa, pero donde el viaje por el Pirineo sigue siendo el verdadero filtro.