La escena todavía sigue muy presente entre los aficionados al ciclismo de carretera. Un descenso lanzado hacia San Remo, una bicicleta inclinada al límite y un detalle técnico que rompía completamente con la imagen clásica del pelotón profesional. Aquel movimiento no pasó desapercibido y abrió un debate que, varios años después, continúa prácticamente igual: si las tijas telescópicas funcionan tan bien en Mountain Bike, ¿por qué casi nadie las utiliza en carretera?

El gran problema no es la UCI, sino las propias bicicletas
Durante mucho tiempo se asumió que la UCI (Unión Ciclista Internacional) limitaba este tipo de componentes en competición, pero la realidad es distinta. Las tijas telescópicas en ciclismo de carretera están permitidas en pruebas de salida masiva y, de hecho, ya han aparecido en varias carreras profesionales.
El ejemplo más conocido sigue siendo el de Matej Mohorič en la edición de 2022 de la Milan-San Remo. El ciclista esloveno utilizó una tija telescópica para afrontar el descenso del Poggio con más estabilidad y libertad de movimientos, una ventaja clave en una bajada técnica tomada a velocidades extremadamente altas.
Sin embargo, aquel triunfo no provocó una revolución inmediata dentro del pelotón. El principal motivo tiene más que ver con la evolución del diseño de las bicicletas modernas que con cuestiones reglamentarias. La mayoría de cuadros actuales utilizan tijas propietarias con formas aerodinámicas específicas, algo incompatible con las tijas telescópicas tradicionales de diámetro redondo.
Aquí aparece uno de los mayores obstáculos para la expansión de esta tecnología. Integrar una tija telescópica en bicicletas aero obliga a rediseñar completamente el cuadro o desarrollar sistemas exclusivos mucho más complejos y caros de fabricar.
Además, las prioridades técnicas en carretera son muy distintas a las del MTB. En Mountain Bike, bajar el sillín cambia radicalmente el comportamiento de la bicicleta en terrenos técnicos. En carretera, las situaciones en las que realmente aporta una ventaja clara son mucho más limitadas.
El peso sigue siendo un argumento decisivo en el WorldTour
El ciclismo profesional de carretera continúa siendo especialmente conservador con cualquier componente que implique añadir gramos extra. Una tija telescópica puede aumentar el peso total de la bicicleta entre 300 y 600 gramos dependiendo del sistema, algo difícil de justificar en etapas donde las subidas largas siguen marcando diferencias.
La obsesión por el peso no es nueva, pero en el actual WorldTour se combina además con una búsqueda constante de eficiencia aerodinámica. Los equipos priorizan componentes integrados, perfiles optimizados y configuraciones minimalistas. En ese escenario, una tija telescópica para competición todavía se percibe como un elemento con más inconvenientes que ventajas.
Eso explica también por qué las bicicletas de asistencia neutra sí recurren ocasionalmente a este sistema. Durante carreras como Paris-Roubaix se han visto bicicletas equipadas con tijas telescópicas para facilitar ajustes rápidos de altura del sillín en caso de avería o cambio urgente de bicicleta, algo muy útil cuando no hay tiempo para buscar una talla exacta.
En el caso de Tadej Pogacar, una de esas bicicletas de asistencia llamó especialmente la atención precisamente por incorporar este tipo de solución.
Aun así, eso no significa que el pelotón vaya a adoptarlas masivamente a corto plazo. Las carreras donde una bajada técnica decide realmente el resultado siguen siendo minoría. Más allá de la clásica italiana, pocas pruebas ofrecen un escenario donde una mejora en el control de la bicicleta pueda compensar claramente el aumento de peso y las posibles pérdidas aerodinámicas.
También existe un componente cultural. Muchos corredores profesionales han desarrollado durante años una técnica extremadamente depurada sobre bicicletas convencionales. Cambiar hábitos tan asentados no resulta sencillo, especialmente cuando las ventajas solo aparecen en situaciones muy concretas.
Eso no impide pensar en una posible evolución futura. Si las carreras comienzan a incluir más descensos técnicos cerca de meta o si las marcas consiguen integrar mejor esta tecnología dentro de cuadros aerodinámicos, la percepción podría cambiar. La llegada de sistemas electrónicos más compactos y ligeros también podría facilitarlo.
Por ahora, el uso de tijas telescópicas en el pelotón profesional sigue siendo más una excepción táctica que una tendencia real. En Mountain Bike ya forman parte imprescindible de cualquier montaje moderno. En carretera, todavía esperan el escenario adecuado para demostrar que también pueden marcar diferencias de forma constante.