¿Vale la pena pasarse a los pedales automáticos? Sí, tienen tres grandes ventajas

Los pedales automáticos llevan más de 30 años presentes en el mundo del ciclismo. Fueron inventados por el fabricante Look en el año 1984 y mundialmente popularizados por el ciclista Bernard Hirault tras ganar su quinto Tour de Francia. Pero, lecciones de historia aparte, a día de hoy todavía son muchos los ciclistas principiantes que dudan acerca de utilizarlos en sus bicicletas. ¿Realmente valen la pena?

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Pedal Look X-Track Race Carbon. ©Look Cycle

Los pedales automáticos

A diferencia de los pedales convencionales de plataforma donde el ciclista solamente apoya el pie para pedalear, los pedales automáticos incluyen un mecanismo de retención que trabaja de forma conjunta con unas calas instaladas en las zapatillas del usuario para fijar el pie al pedal y formar un conjunto indivisible que ofrece toda una serie de ventajas.

Las ventajas

La primera gran ventaja de los pedales automáticos respecto a los de plataforma es que permiten aprovechar todo el recorrido de los pedales aplicando fuerza sobre los mismos, ya sea empujando o arrastrando, consiguiendo lo que se denomina pedaleo redondo en el mundo del ciclismo. Gracias a esta mayor eficacia en el pedaleo, se mejora la efectividad de los entrenamientos en bicicleta y se reducen lesiones derivadas de desequilibrios musculares entre ambas piernas.

La segunda ventaja es que con los pedales automáticos los pies van sujetos a la bicicleta de manera firme y se evitan esos pequeños accidentes que pueden ocurrir cuando se escapa un pie del pedal sobre terrenos accidentados. Además, gracias a una sujeción firme sobre la superficie del pedal, el control de la bicicleta mejora y se tiene la posibilidad de realizar diferentes maniobras (pequeños saltos, subir bordillos, etc...) simplemente dando pequeños tirones con las extremidades inferiores.

La tercera gran ventaja es que los pedales automáticos permiten ajustar de forma precisa la posición del pie sobre el pedal. Una vez ajustados de forma correcta, la posición de los pies siempre es la misma durante la acción del pedaleo, previniendo así la adopción de posturas que pueden provocar algún tipo de lesión a largo plazo.

Los inconvenientes

Una de las grandes pegas de pasarse a los pedales automáticos es que no se trata de un proceso rápido. Aprender a usarlos de forma correcta requiere de un período de aprendizaje que puede variar de una persona a otra, incluyendo alguna que otra caída por falta de experiencia.

Otro inconveniente de hacer uso de los pedales automáticos es que, por obligación, también es necesario equiparse con un calzado específico que permita instalar la cala de sujeción compatible con el sistema de retención del pedal, por lo que la inversión inicial puede resultar algo más cara de lo deseado.

Por último, aunque los pedales automáticos no requieren de grandes tareas de mantenimiento, no deja de ser necesario hacerles una revisión de vez en cuando. Comprobar el apriete de los tornillos de las calas o de la tensión del muelle del pedal y engrasar el mencionado muelle son tareas que requieren la atención del ciclista, algo que no sucede con los pedales de plataforma convencionales.

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