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Entrenar como hace 30 años: el experimento que cambiaría el ciclismo actual

El ciclismo ha evolucionado hacia un modelo de alto control técnico. Desandar ese camino, en el contexto competitivo actual, equivaldría a competir con desventaja.

El ciclismo de alto rendimiento vive instalado en la medición constante. Potenciómetros, análisis de lactato, test de consumo máximo de oxígeno y planes individualizados forman parte de la rutina diaria de cualquier equipo profesional. Pero basta mirar tres décadas atrás para comprobar hasta qué punto ha cambiado el enfoque. ¿Qué ocurriría si los ciclistas de hoy entrenaran exactamente como en los años noventa?

Ciclistas retro en descanso en montaña. Imagen: TodoMountainBike
Ciclistas retro en descanso en montaña. Imagen: TodoMountainBike

Volumen, intuición y menos datos: así se entrenaba antes de la era digital

Hace 30 años, el eje del rendimiento era el volumen. Más horas, más kilómetros y menos segmentación del esfuerzo. El control se basaba en pulsómetros básicos y, en muchos casos, en simples sensaciones. La ausencia de potenciómetros obligaba a interpretar el cuerpo con una precisión que se adquiría con experiencia, no con gráficos.

Si los profesionales actuales abandonaran el control por vatios y volvieran a una preparación sustentada en el kilometraje, el primer impacto sería claro: aumentaría el desgaste acumulado. Hoy el entrenamiento se estructura alrededor de zonas de potencia perfectamente definidas. Sin esa referencia objetiva, la distribución de cargas perdería exactitud y la recuperación se vería comprometida, especialmente en calendarios saturados como los de la UCI.

La ciencia aplicada al deporte ha demostrado que el trabajo específico a intensidad controlada mejora la eficiencia. El uso de entrenamiento por potencia en el ciclismo profesional permite ajustar sesiones al límite fisiológico real del deportista. Sin ese control, muchos corredores tenderían a rodar demasiado fuerte en días suaves y demasiado conservadores en días clave. Un patrón habitual en la vieja escuela.

En disciplinas como el MTB, el cambio sería aún más visible. El Cross Country moderno exige explosividad repetida, gestión de esfuerzos máximos y recuperación inmediata tras picos por encima del umbral. Sin planificación basada en datos, la preparación para circuitos técnicos y explosivos perdería precisión. La diferencia se notaría en arrancadas, subidas cortas y esfuerzos intermitentes propios del rendimiento en Cross Country de alto nivel.

Otro punto determinante es la nutrición. Hace tres décadas no existía el nivel actual de control sobre hidratos por hora, periodización nutricional o estrategias de recuperación posesfuerzo. Volver a ese modelo supondría un retroceso en la capacidad de asimilar cargas. Hoy la optimización metabólica forma parte del proceso tanto como el propio entrenamiento. Sin ella, el riesgo de sobreentrenamiento aumentaría de forma considerable.

También cambiaría la gestión de la temporada. El ciclismo contemporáneo apuesta por picos de forma milimétricos. En los noventa, muchos corredores mantenían un estado competitivo más lineal, menos orientado a momentos concretos. Recuperar esa filosofía afectaría directamente a la periodización del entrenamiento ciclista moderno, reduciendo la capacidad de llegar en plenitud a citas específicas como Mundiales o Juegos Olímpicos.

Sin embargo, no todo sería negativo. Algunos preparadores sostienen que el exceso de datos puede generar dependencia y rigidez táctica. Entrenar con mayor libertad podría reforzar la percepción corporal y la toma de decisiones instintiva en carrera. La lectura del terreno, especialmente en MTB, seguiría siendo clave. En ese sentido, recuperar parte del enfoque tradicional podría mejorar la adaptación en situaciones imprevisibles.

El problema es que el ciclismo actual es más rápido, más explosivo y más exigente que hace 30 años. Las medias por hora han aumentado y el nivel global es más homogéneo. Sin herramientas como el análisis de carga crónica, la monitorización del descanso o el control detallado de la preparación física en Mountain Bike competitivo, mantenerse en la élite sería mucho más difícil.

En términos prácticos, los ciclistas probablemente serían menos eficientes. No necesariamente menos fuertes, pero sí menos optimizados. La diferencia entre ganar y quedar fuera del podio se mide hoy en segundos. Y esos segundos dependen, en gran parte, de la precisión con la que se entrena.

Volver al pasado tendría un componente romántico. Más intuición, más fondo, menos pantallas. Pero en un deporte en el que cualquier ganancia marginal marca el resultado final, renunciar a la ciencia aplicada supondría ceder terreno. El ciclismo ha evolucionado hacia un modelo de alto control técnico. Desandar ese camino, en el contexto competitivo actual, equivaldría a competir con desventaja.