Nukeproof amplía su catálogo con una propuesta que mira al pasado sin renunciar a la funcionalidad actual. La nueva Tracker es una rígida de aluminio pensada para redescubrir el placer de pedalear fuera del asfalto, una bicicleta directa, sin artificios, que apuesta por la sencillez mecánica y por un enfoque polivalente.

Una rígida de aluminio con geometría actual y enfoque versátil
El corazón del modelo es un cuadro fabricado en aluminio 6061-T6, una aleación habitual en gamas de acceso y media por su equilibrio entre resistencia, durabilidad y coste contenido. En este caso, la marca combina esa base con una geometría moderna para MTB rígida, orientada a ofrecer estabilidad en senderos y suficiente agilidad para un uso más urbano o recreativo.

La Tracker no nace como una bicicleta exclusiva para el Cross Country competitivo. Su planteamiento es más amplio. Está diseñada para afrontar pistas forestales, caminos de grava y recorridos mixtos, pero también para desplazamientos diarios o escapadas de fin de semana. Esa amplitud de miras se refleja en detalles prácticos como los anclajes para portabultos, guardabarros y pata de apoyo, algo poco habitual en muchas MTB actuales y que refuerza su carácter funcional.

Uno de los puntos relevantes es la amplia holgura para neumáticos, que permite adaptar el comportamiento de la bicicleta según el terreno. Con cubiertas más rodadoras puede convertirse en una opción válida para gravel ligero o uso urbano, mientras que con neumáticos más agresivos gana capacidad en senderos. Esta versatilidad encaja con el concepto de MTB para iniciarse en el ciclismo de montaña sin limitar la progresión del ciclista.

En cuanto a la transmisión, Nukeproof ofrece varias configuraciones. La versión base monta Shimano ESSA 1x8 por 599 €, una opción sencilla y de mantenimiento económico. A partir de ahí, se puede optar por montajes con Shimano CUES en 1x9, 1x10 o 1x11 velocidades, con incrementos de precio progresivos. El uso de grupos monoplato simplifica el manejo, reduce ajustes y facilita la experiencia a los ciclistas que dan sus primeros pasos en el MTB.

La elección de transmisiones CUES también apunta a la durabilidad. Esta familia de componentes está pensada para un uso intensivo y para soportar condiciones exigentes, algo que tiene sentido en una bicicleta concebida como herramienta polivalente. Para muchos usuarios, esa combinación de simplicidad y resistencia puede resultar más atractiva que soluciones más sofisticadas pero también más delicadas.

Otro elemento que define a la Tracker es su frontal con tubo de dirección cónico, una característica que mejora la rigidez y abre la puerta a futuras actualizaciones de horquilla. Esto refuerza la idea de bicicleta rígida de aluminio para uso diario y senderos, capaz de evolucionar con el tiempo según cambien las necesidades del ciclista.

Disponible en tallas de XS a XXL, la gama cubre un espectro amplio de estaturas. Ese rango facilita que tanto ciclistas jóvenes como adultos encuentren una opción ajustada a su talla, un detalle importante en un modelo que puede funcionar como primera MTB seria o como bicicleta complementaria para entrenamientos suaves y desplazamientos cotidianos.

Más allá de cifras y especificaciones, la Tracker recupera una sensación que muchos asocian con los inicios del Mountain Bike: contacto directo con el terreno, respuesta inmediata al pedaleo y una mecánica fácil de entender. En un mercado dominado por dobles suspensiones, integraciones complejas y sistemas electrónicos, propuestas como esta reivindican el valor de la hardtail clásica con componentes fiables.

El precio de partida la sitúa en un segmento competitivo dentro del mercado europeo. Por debajo de los 600 €, resulta accesible para los ciclistas que buscan una MTB de iniciación sin recurrir a marcas desconocidas, mientras que las versiones superiores permiten un salto cualitativo sin disparar el presupuesto.

La Nukeproof Tracker no pretende reinventar el MTB. Su objetivo es más sencillo: ofrecer una plataforma sólida, honesta y adaptable. Una bicicleta que permite descubrir caminos nuevos, retomar sensaciones olvidadas o simplemente desplazarse con otra perspectiva. En un escenario en el que la tecnología avanza a gran velocidad, recordar por qué muchos empezaron a pedalear sigue siendo un argumento de peso.