Durante años, el nombre de Lee Cougan ha estado ligado a bicicletas ligeras, eficientes y pensadas para exprimir cada vatio en competición. Sin embargo, hay momentos en los que una marca decide romper con su propia inercia. No se trata de una evolución natural ni de una adaptación puntual, sino de un cambio de enfoque que obliga a mirar atrás para entender hacia dónde quiere ir ahora.

Una e-MTB desarrollada desde cero con ADN Gravity
La llegada de la nueva Flö marca un punto de inflexión. Estamos ante una e-Mtb de Enduro de alto rendimiento con motor Avinox que no deriva de ningún modelo previo, sino que nace desde una hoja en blanco. Este detalle, lejos de ser un argumento de marketing, define completamente el producto: toda la plataforma ha sido diseñada teniendo en cuenta desde el inicio la integración del sistema eléctrico.
El resultado es una bicicleta con 160 mm de recorrido en ambos ejes, equipada con el potente motor Avinox M2S y una batería de 800 Wh. Sobre el papel, las cifras ya la sitúan en la parte alta del segmento, pero es en su planteamiento estructural donde realmente se diferencia.

El cuadro de carbono declara 2.5 kg en talla M con hardware incluido, una cifra contenida para una e-MTB de este recorrido. Pero más relevante que el peso es cómo se distribuyen las cargas. Lee Cougan concentra las fuerzas en la zona baja del cuadro, reforzando esa área y liberando el resto de la estructura. Esto permite mejorar la rigidez y bajar el centro de gravedad, dos factores clave en una e-MTB orientada al descenso técnico.
En este sentido, la marca recurre a soluciones poco habituales, como el uso de ejes pasantes sobredimensionados en los puntos críticos de giro o rodamientos de gran tamaño y sellado reforzado. El objetivo es soportar las exigencias de motores cada vez más potentes y de un uso claramente agresivo.

El sistema de suspensión sigue un esquema 4-bar, pero con el punto de giro situado en el eje de la rueda trasera. Esta configuración, menos común, permite mejorar el comportamiento en frenada y reducir interferencias con el pedaleo, acercando sus sensaciones a sistemas más complejos sin necesidad de incrementar el peso o la dificultad de mantenimiento. Todo ello acompañado por un amortiguador RockShox Super Deluxe específico y horquillas ZEB de nueva generación.
Otro de los rasgos distintivos está en el diseño de las vainas, que envuelven el tubo de sillín. Esta solución permite montar cubiertas de hasta 2.6” manteniendo unas vainas cortas, algo determinante para lograr un equilibrio entre estabilidad y agilidad. Un detalle especialmente importante en una bicicleta eléctrica de Enduro con ruedas mullet, donde el comportamiento dinámico depende en gran medida de esa relación entre longitudes y reparto de pesos.

La geometría se mueve en cifras actuales dentro del Enduro: 64° en dirección, 77° en sillín y un reach generoso. A esto se suma un flip chip que permite alternar entre configuración mullet y ruedas de 29”, ofreciendo una versatilidad poco habitual en este tipo de bicicletas. El ajuste es rápido y sencillo, lo que facilita adaptar la bici al terreno o al estilo de conducción sin complicaciones.
El motor Avinox M2S es otro de los puntos clave. Con hasta 150 Nm de par en modo Boost y picos de 1.500 W, se sitúa entre los sistemas más potentes disponibles actualmente. Esta capacidad obliga a replantear muchos aspectos del diseño, desde la rigidez del cuadro hasta la resistencia de las ruedas, que en este caso han sido desarrolladas junto a Ursus para soportar hasta 250 Nm de par.

Las ruedas, disponibles en aluminio y carbono, comparten llantas hookless de 30 mm de ancho interno y configuración mullet. No se trata de un montaje estándar, sino de un desarrollo específico pensado para el uso real de una e-MTB de Enduro con motor de alto par, donde las cargas mecánicas son significativamente superiores a las de una MTB convencional.
En cuanto a montajes, la gama se divide en dos versiones. La Flö Carbon arranca en 6.899 €, mientras que la Flö Carbon Pro asciende a 8.699 €, incorporando componentes como la horquilla RockShox ZEB Ultimate, transmisión SRAM GX AXS y ruedas de carbono. En ambos casos, el equipamiento mantiene una coherencia clara con el enfoque de la bicicleta.

Más allá de los componentes o las cifras, la Flö representa algo distinto dentro de Lee Cougan. Recupera una parte de su identidad ligada al descenso, pero lo hace desde una base tecnológica actual y adaptada a las exigencias de las e-MTB modernas. No es un movimiento puntual ni una respuesta a una tendencia pasajera. Es una declaración de intenciones que redefine el papel de la marca en un segmento cada vez más competitivo.