En 1976, cinco trabajadores empezaron a soldar cuadros en un granero de Waterloo (Wisconsin) con una ambición poco habitual para la época: competir en artesanía con las referencias europeas. Ese origen casi doméstico se ha convertido en parte central de la historia de Trek Bikes, hoy una de las marcas más influyentes del mercado global.

Por qué Trek ha marcado el paso durante cinco décadas
Los cimientos se construyeron con acero y obsesión por el detalle. Trek afirma que en su primer año fabricó 904 cuadros, una gama inicial de cicloturismo soldada a mano con plata y con tubos procedentes de Italia, Japón y Reino Unido. Aquella escala era pequeña, pero ya dejaba una idea clara: el control del proceso y la consistencia debían ser un rasgo de marca, no una consecuencia del volumen.
La entrada en el Mountain Bike llegó pronto. En 1983, la firma sitúa el lanzamiento de su modelo 850 como su primera bici de montaña, un movimiento temprano en una disciplina todavía en formación. Ese salto del asfalto al terreno suelto se ha leído con el tiempo como el arranque de una línea de producto y competición que acabaría definiendo buena parte de su catálogo moderno, desde el Cross Country al Descenso.

Ese momento fundacional se entiende mejor al mirar el impacto que tuvo en la gama: la primera MTB de Trek abrió una puerta a la experimentación con geometrías, materiales y, sobre todo, con la suspensión, un territorio en el que la marca acabaría construyendo parte de su reputación técnica.
La década de los 80 también dejó otra ruptura: el aluminio. Trek recuerda 1985 como el año en el que empezó a trabajar con tubos sobredimensionados unidos con adhesivos de calidad aeronáutica, una solución que se apartaba del acero no solo por peso, sino por filosofía industrial. En retrospectiva, fue un anticipo del tipo de ingeniería de unión que más tarde permitiría consolidar el salto al carbono.
El punto de inflexión llegó con los compuestos. Tras varias pruebas y aprendizajes en los primeros 90, Trek sitúa en 1992 el despliegue de su proceso propio de fabricación de carbono. A partir de ahí, la marca convirtió el material en un lenguaje común para carretera y MTB, y lo llevó a la producción a gran escala sin renunciar a un enfoque de ingeniería interna.
No es casual que uno de los conceptos más repetidos en su relato sea el carbono OCLV, presentado como un método de compactación y control de vacíos orientado a lograr cuadros más ligeros y resistentes. En términos de industria, aquello fue importante por un motivo simple: normalizó que una gran marca defendiera un proceso de fabricación como parte del rendimiento final, no solo como argumento comercial.

En paralelo, Trek también fue acumulando iconos de diseño. La Y33 de 1995 y las plataformas posteriores consolidaron un estilo que mezclaba audacia estética con soluciones estructurales de una pieza, mientras que la expansión del portfolio (incluida la integración de marcas históricas en los 90) reforzó una idea: crecer no significaba abandonar la experimentación, sino darle más recursos.
Los 2000 trajeron una lectura distinta del producto: personalización y nuevas tendencias de uso. Con el Project One de Trek, la firma llevó la elección de colores y montajes al centro de la experiencia de compra, mientras que la llegada de las 29" a la producción masiva en 2001 ayudó a acelerar una transición que, en MTB, acabaría afectando tanto a la competición como al usuario recreativo.
En competición, Trek ha vinculado su trayectoria a grandes escenarios, desde el WorldTour a la Copa del Mundo de MTB. En ese recorrido también aparecen episodios polémicos asociados a una era del ciclismo que hoy se mira con más distancia, pero la marca insiste en subrayar los avances técnicos que salieron de esas exigencias: aerodinámica, integración y control del comportamiento del cuadro bajo estrés real.
Más cerca en el tiempo, el aniversario también sirve para leer cambios culturales dentro del sector. Trek destaca su apuesta por la igualdad de premios en una Copa del Mundo de Ciclocross en Waterloo y la inversión sostenida en ciclismo femenino. A nivel de producto, la última década ha consolidado una estrategia de plataformas muy definidas (Domane, Madone, Émonda, Supercaliber) con un discurso claro: cada familia responde a un uso, pero comparte tecnologías transferibles.

El cierre de este medio siglo apunta a sostenibilidad y servicios. Trek vincula 2021 con su primer informe de impacto y 2025 con la reducción de emisiones en la producción de aluminio, un movimiento que, si se extiende a escala industrial, puede tener consecuencias reales en costes energéticos y huella de fabricación. En ese contexto, el aluminio de bajas emisiones aparece como una de las apuestas con más recorrido, más allá del lanzamiento puntual.
Con la vista puesta en 2076, la marca intenta que el aniversario no sea una retrospectiva nostálgica, sino una declaración de continuidad: más acceso a la bici, más transparencia y más evolución técnica. En un mercado con ciclos de producto cada vez más cortos, Trek Bikes plantea el medio siglo como un recordatorio de que las decisiones industriales (materiales, procesos y cultura interna) acaban pesando tanto como una geometría o un montaje.