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Cinco áreas de entrenamiento que marcan la diferencia en el rendimiento del ciclista de carretera

Estas salidas no buscan mejorar el rendimiento de forma directa, sino permitir que el organismo asimile el trabajo previo y esté preparado para el siguiente estímulo.

El entrenamiento en ciclismo de carretera suele percibirse como un terreno complejo, lleno de métricas, zonas y conceptos fisiológicos que no siempre resultan fáciles de interpretar. Sin embargo, más allá de la tecnología y la jerga, el progreso real se apoya en un número limitado de pilares bien definidos. Tanto para los ciclistas que buscan completar una marcha cicloturista con solvencia como para los que quieren rodar más rápido y con mayor consistencia, hay cinco áreas clave que concentran la mayor parte de las adaptaciones útiles.

Ciclista entrenando. Imagen: TodoMountainBike
Ciclista entrenando. Imagen: TodoMountainBike

Resistencia, esfuerzos sostenidos, escalada, potencia y recuperación

El primero de esos pilares es la resistencia aeróbica. El ciclismo es, ante todo, un deporte de fondo, incluso en disciplinas aparentemente explosivas. Las sesiones largas a baja intensidad, habitualmente en zona 2, siguen siendo la base sobre la que se construye cualquier mejora posterior.

Este tipo de trabajo incrementa la capacidad del organismo para transportar oxígeno, mejora la eficiencia metabólica y permite sostener intensidades más altas durante más tiempo. No se trata solo de preparar pruebas de larga distancia, sino de desarrollar una base sólida que beneficie a cualquier ciclista, independientemente de su objetivo.

Los esfuerzos sostenidos constituyen el segundo gran bloque del entrenamiento. Aquí entran en juego intensidades cercanas al umbral funcional, habituales en contrarreloj, relevos largos o situaciones de ritmo constante en grupo.

Mejorar la capacidad de mantener una potencia elevada durante varios minutos tiene un impacto directo en la velocidad media y en la capacidad de no descolgarse cuando el ritmo se estabiliza en valores exigentes. El trabajo en rangos próximos al umbral, como el conocido entrenamiento sweet spot, permite acumular estímulo de calidad sin comprometer en exceso la recuperación.

La capacidad de escalada es otro factor decisivo en la mayoría de recorridos. Salvo contadas excepciones, pocas rutas son completamente llanas, y la forma de afrontar las subidas condiciona tanto el rendimiento como las sensaciones. Subir con solvencia no solo implica ir más rápido, sino hacerlo con menor coste fisiológico.

Detrás de un buen escalador suele haber un motor aeróbico bien desarrollado y una relación potencia-peso trabajada. Las subidas largas se abordan cerca del umbral, mientras que las rampas cortas y exigentes demandan intensidades próximas al VO2 máx, lo que explica la importancia de combinar ambos estímulos en el entrenamiento.

La cuarta área es la potencia explosiva y el sprint. Aunque muchos ciclistas no compitan ni disputen llegadas, la capacidad de acelerar con decisión tiene aplicaciones prácticas constantes. Salir de una curva cerrada, responder a un cambio de ritmo o superar un repecho sin perder velocidad requiere una activación neuromuscular que solo se entrena con esfuerzos máximos y breves.

Repetir sprints cortos durante una salida predominantemente estable ayuda a mejorar no solo la potencia pico, sino también la tolerancia a esfuerzos intensos de corta duración.

Por último, la recuperación activa cierra el círculo del entrenamiento. Rodar muy suave, en intensidades claramente por debajo del umbral aeróbico, facilita la eliminación de residuos metabólicos y acelera la recuperación entre sesiones exigentes.

Estas salidas no buscan mejorar el rendimiento de forma directa, sino permitir que el organismo asimile el trabajo previo y esté preparado para el siguiente estímulo. Lejos de ser una pérdida de tiempo, forman parte esencial de cualquier planificación estructurada.

El progreso en ciclismo no depende de acumular horas sin criterio ni de encadenar sesiones duras sin descanso. La mejora sostenida llega cuando estas cinco áreas se trabajan de forma equilibrada, con un propósito claro y respetando los tiempos de adaptación. Ajustar el foco en cada una de ellas permite construir un rendimiento más sólido, eficiente y, a medio plazo, más disfrutable sobre la bicicleta.