General

La estrategia de avituallamiento: cómo combinar bidón, geles y comida para evitar el temido bajón en una marcha ciclista

En pruebas de larga distancia, marchas cicloturistas o salidas que superan las cuatro horas de duración, mantener un aporte constante de energía se convierte en una necesidad fisiológica.

Pocas situaciones resultan tan frustrantes para un ciclista como notar que las piernas dejan de responder cuando aún quedan decenas de kilómetros por delante. La sensación suele aparecer de forma progresiva, aunque en ocasiones llega de golpe. Lo que parecía una jornada perfectamente controlada se transforma en una lucha constante para mantener el ritmo. En la mayoría de los casos, el problema no está en la preparación física, sino en una estrategia nutricional insuficiente o mal ejecutada durante la ruta.

Ciclista descansando en la carretera de montaña. Imagen: TodoMountainBike
Ciclista descansando en la carretera de montaña. Imagen: TodoMountainBike

La alimentación sobre la bicicleta es tan importante como el entrenamiento

En pruebas de larga distancia, marchas cicloturistas o salidas que superan las cuatro horas de duración, mantener un aporte constante de energía se convierte en una necesidad fisiológica. Cuando las reservas de glucógeno muscular y hepático disminuyen por debajo de determinados niveles, el organismo reduce automáticamente la intensidad del esfuerzo para protegerse.

La recomendación actual de muchos especialistas en nutrición deportiva sitúa la ingesta de carbohidratos entre 60 y 90 gramos por hora, e incluso por encima en deportistas entrenados a nivel digestivo. Traducido a la práctica, esto puede equivaler aproximadamente a tres geles energéticos o a una combinación de bebida energética, fruta y barritas repartidas de forma regular durante cada hora de pedaleo.

Todo comienza antes de subir a la bicicleta. Los días previos a una marcha exigente conviene aumentar la presencia de carbohidratos en la alimentación para maximizar las reservas energéticas. Además, algunos ciclistas recurren a estrategias complementarias como la ingesta de nitratos procedentes de la remolacha o el uso controlado de cafeína para mejorar la percepción del esfuerzo y retrasar la aparición de la fatiga.

Durante la ruta, el bidón suele convertirse en la principal herramienta nutricional. La razón es sencilla: beber resulta más fácil que masticar cuando la intensidad aumenta o la carretera se empina. Las modernas fórmulas de bebida energética para ciclismo aprovechan distintas vías de absorción intestinal combinando glucosa y fructosa, lo que permite elevar la cantidad de carbohidratos que el organismo puede utilizar cada hora.

En jornadas especialmente largas, muchos ciclistas optan por dedicar un bidón al aporte energético y otro a la hidratación. Esta estrategia facilita alcanzar los objetivos nutricionales sin comprometer el equilibrio de líquidos y electrolitos, especialmente durante los meses más calurosos del año.

Los geles energéticos aparecen como un recurso especialmente útil en momentos concretos del recorrido. Antes de una subida prolongada, durante un cambio de ritmo o cuando el esfuerzo dificulta la masticación, ofrecen una forma rápida y cómoda de introducir carbohidratos en el organismo. La evolución de estos productos ha dado lugar a formatos más líquidos y fáciles de tolerar, una ventaja importante cuando la frecuencia cardíaca es elevada.

Aun así, la comida sólida sigue teniendo un papel relevante. Durante las primeras horas de una marcha, cuando el sistema digestivo funciona con mayor normalidad, alimentos como plátanos, barritas energéticas o productos elaborados con avena aportan una sensación de saciedad que los líquidos y geles no consiguen ofrecer. Además, ayudan a evitar la monotonía alimentaria que suele aparecer en recorridos muy largos.

Otro punto fundamental es la reposición de electrolitos. La pérdida de sodio a través del sudor puede alcanzar cifras considerables en verano o durante esfuerzos prolongados. Beber únicamente agua sin reponer minerales aumenta el riesgo de sufrir calambres, disminución del rendimiento e incluso problemas asociados a la hiponatremia. Por eso, una correcta hidratación en ciclismo de larga distancia debe contemplar tanto el aporte de líquidos como el de sales minerales.

La cantidad necesaria varía enormemente entre ciclistas. Factores como la temperatura ambiente, la intensidad del ejercicio, el nivel de aclimatación al calor o la tasa individual de sudoración condicionan las necesidades de cada deportista. Lo que funciona para un compañero de grupeta puede resultar insuficiente o excesivo para otro.

Cuando se trata de diseñar una estrategia nutricional para marchas ciclistas, la planificación previa resulta determinante. Esperar a sentir hambre o sed suele ser un error, ya que ambas sensaciones aparecen cuando el déficit energético o hídrico ya se ha iniciado. Los especialistas recomiendan establecer una pauta regular de ingesta desde los primeros kilómetros.

La recuperación tampoco debe quedar en segundo plano. Tras varias horas de esfuerzo, el organismo presenta una elevada capacidad para reponer glucógeno y reparar el tejido muscular. La combinación de carbohidratos y proteínas durante los primeros 30 o 45 minutos posteriores al ejercicio sigue siendo una de las recomendaciones más respaldadas por la evidencia científica.

En definitiva, el éxito de una marcha no depende únicamente de las piernas o del estado de forma. La capacidad para mantener un suministro constante de energía, líquidos y minerales durante horas marca diferencias tan importantes como la potencia desarrollada sobre los pedales. Una correcta alimentación para ciclistas de fondo permite sostener el rendimiento, reducir el riesgo de bajones y disfrutar mucho más de cada kilómetro.