La batalla por el control de Warner Bros. Discovery ya tiene desenlace. Paramount Global ha cerrado un acuerdo para adquirir el grupo por 31 dólares por acción, una cifra que eleva la operación a unos 111.000 millones de dólares incluyendo deuda. Netflix, que llegó a liderar la subasta en diciembre, ha decidido no mejorar su última oferta y se aparta de una puja que ha sacudido la industria del entretenimiento desde octubre de 2025.

Un giro inesperado en el mapa global del streaming
El resultado reordena el tablero del mercado global del streaming en un momento de clara consolidación. Lo que en 2019 parecía un ecosistema fragmentado en múltiples plataformas vuelve ahora a concentrarse en menos manos, con estudios históricos y servicios digitales bajo un mismo paraguas corporativo.
El origen remoto de esta operación se remonta a 2016, cuando AT&T adquirió Time Warner por 85.400 millones de dólares. Aquella integración, que buscaba unir telecomunicaciones y contenidos premium como HBO, CNN o DC Comics, nunca terminó de cumplir las expectativas. La fusión se retrasó por obstáculos regulatorios y dejó a la compañía fuera de la ventana óptima para lanzar HBO Max en un mercado que ya empezaba a saturarse.
En 2021, AT&T escindió el negocio y lo integró con Discovery, Inc., dando lugar a Warner Bros. Discovery. Bajo la dirección de David Zaslav, la compañía anunció un ambicioso plan de inversión anual de 20.000 millones de dólares con el objetivo de alcanzar 400 millones de suscriptores globales. Las cifras nunca acompañaron. Desde 2022, la acción perdió cerca del 60% de su valor y se evaporaron alrededor de 35.000 millones en capitalización bursátil.
La deuda, que ronda los 37.000 millones de dólares, terminó por forzar una escisión interna en junio de 2025. Warner separó estudios y streaming de los canales lineales tradicionales. La decisión pretendía aligerar el lastre del negocio de cable y hacer más atractiva una eventual venta. Ese movimiento activó formalmente el proceso en octubre y disparó la cotización más de un 10% en pocos días.
Tres candidatos destacaron desde el inicio: Netflix, NBCUniversal y Paramount. Las dos primeras aspiraban a quedarse con estudios y plataformas digitales; Paramount estaba dispuesta a asumir la totalidad del grupo. Esa diferencia resultó determinante para el consejo de Warner y para los accionistas, que veían en una venta completa una salida más clara a la incertidumbre.
Paramount abrió fuego con una oferta inicial de 19 dólares por acción. En noviembre subió a 25,50 y en diciembre alcanzó los 26,50. Netflix respondió con una propuesta de 27,75 dólares por acción centrada en el negocio de estudios y streaming, lo que en ese momento parecía suficiente para imponerse. NBCUniversal se retiró de la carrera.
El punto de inflexión llegó cuando David Ellison, consejero delegado de Paramount, lanzó una oferta hostil de 30 dólares por acción directamente a los accionistas. La propuesta estaba respaldada por capital privado y por la familia Ellison. La presión aumentó y la puja entró en una fase acelerada.

En febrero, Netflix concedió siete días para que Warner retomara conversaciones con Paramount. El 24 de ese mes, la compañía elevó la oferta final a 31 dólares por acción en efectivo, asumió la deuda y añadió cláusulas poco habituales: una comisión de 7.000 millones si los reguladores bloqueaban la operación, el pago de 2.800 millones vinculados a acuerdos vigentes con Netflix y una compensación adicional si la aprobación se retrasaba más allá del otoño de 2026. La estructura financiera convirtió la propuesta en prácticamente imbatible.
Netflix optó por no contraatacar. A partir de los 30 dólares por acción, las proyecciones de rentabilidad se volvían complejas. El propio Ted Sarandos defendió que la decisión obedecía a criterios estrictamente financieros. El mercado respaldó el movimiento: las acciones de Netflix subieron cerca de un 13% tras conocerse su retirada.
Para Paramount, el acuerdo supone la creación de un gigante que combina dos estudios históricos de Hollywood y varios canales lineales bajo una misma estructura. La incógnita gira ahora en torno al encaje de marcas como CBS News y CNN, así como al futuro de sus plataformas digitales. La posible integración de HBO Max y Paramount+ abre un nuevo capítulo en la consolidación de plataformas de streaming que marcará la oferta para los próximos años.
El proceso aún debe superar la aprobación regulatoria, que no se espera antes del 30 de septiembre de 2026. La operación se analizará bajo el prisma de la competencia en el sector audiovisual estadounidense y en los principales mercados internacionales. El volumen de activos implicados convierte la transacción en una de las mayores de la historia reciente del entretenimiento.
Mientras tanto, Netflix mantiene una posición sólida. Cerró 2025 con más de 325 millones de suscriptores y proyecta ingresos de entre 50.700 y 51.700 millones de dólares para 2026. Además, ha reforzado acuerdos estratégicos con estudios como Sony Pictures y Universal Pictures, asegurando ventanas exclusivas para grandes franquicias. Su inversión anual en contenidos rondará los 20.000 millones, una cifra que sostiene su estrategia de crecimiento en suscriptores sin necesidad de asumir una integración de alto riesgo.
El movimiento de Paramount, en cambio, redefine el equilibrio de fuerzas en la industria. La compra de Warner no solo responde a una oportunidad financiera, sino a la necesidad de ganar escala en un negocio cada vez más intensivo en capital. El resultado es un escenario más concentrado, con menos actores dominantes y un nuevo equilibrio en la industria del entretenimiento que plantea interrogantes sobre precios, catálogo y diversidad de oferta.
Para el consumidor, el desenlace apunta a un entorno con menos competencia directa entre grandes plataformas y mayor presión sobre los modelos de suscripción. La guerra por Warner concluye, pero la disputa por la atención y el bolsillo del espectador apenas comienza.