La edición 2026 de la Absa Cape Epic arranca este domingo 15 de marzo en Meerendal Wine Estate, en Durbanville, cerca de Ciudad del Cabo, con un escenario poco habitual para la gran carrera por etapas del Mountain Bike: ni el cuadro masculino ni el femenino llegan con una jerarquía nítida. La combinación de bajas de última hora, cambios de pareja y ausencia de las vigentes campeonas deja una carrera mucho más abierta de lo que suele ser habitual en una prueba de ocho días, 692 km y 15.900 metros de ascensión acumulada, con final previsto en Stellenbosch.

Las ausencias cambian el guion antes incluso de la primera etapa
En la carrera masculina, uno de los focos principales apunta al bloque sudafricano de Matt Beers y Tristan Nortje. Beers, ganador de la prueba en tres ocasiones, iba a formar equipo con Keegan Swenson, pero el corredor estadounidense se cayó del cartel tras sufrir una fractura pélvica después de un accidente durante un entrenamiento. Ese contratiempo ha obligado a rehacer una de las parejas más sólidas del pelotón, aunque el relevo de Nortje mantiene intactas buena parte de las aspiraciones del conjunto local en una Absa Cape Epic 2026 que premia tanto la fuerza como la compenetración diaria.
Beers llega además con una opción de peso simbólico y deportivo: convertirse, junto a Nortje, en el primer dúo íntegramente sudafricano capaz de conquistar la general absoluta de la prueba. En una carrera donde la gestión del desgaste, las averías y la regularidad suele pesar tanto como los ataques, ese conocimiento mutuo puede marcar diferencias desde el prólogo de 20 km y 650 metros de desnivel, un arranque corto pero lo bastante exigente como para empezar a ordenar la general.
Entre los principales rivales aparece el Klimatiza Orbea de David Valero y Marc Stutzmann, una pareja que aterriza con impulso competitivo tras su reciente victoria en la Andalucía Bike Race. También asoman opciones serias en combinaciones menos previsibles pero con mucho motor, como la de Sam Gaze con Luca Schwarzbauer o la formada por Lachlan Morton y Andrew L'Esperance.
Lo que convierte esta edición en especialmente interesante es que no hay un bloque claramente por encima del resto: la pelea por el título de la Cape Epic parece más abierta, y eso en una prueba de esta dureza suele traducirse en movimientos tácticos desde muy pronto.
La carrera femenina llega todavía más expuesta a la sorpresa. La ausencia de Annika Langvad y Sofia Gomez Villafañe, ganadoras en 2025, elimina de salida a la referencia más clara del último año y deja espacio para nuevas jerarquías. Ahí gana protagonismo la pareja formada por Kate Courtney y Greta Seiwald, nacida también de una modificación de última hora después de la lesión de Melisa Rollins.

Courtney, campeona del mundo de XCM, encuentra así una salida competitiva junto a una corredora que viene de ganar el Tankwa Trek y que encaja bien en una carrera por etapas de MTB donde la resistencia y la adaptación pesan tanto como la punta de velocidad.
Otra pareja con mucho interés es la de Candice Lill y Alessandra Keller. Lill acumula una larga relación con la prueba y varias segundas posiciones, un dato que por sí solo resume experiencia, conocimiento del terreno y también la presión que la acompaña cada año. A su lado estará Keller, campeona del mundo de Short Track en 2025, una corredora explosiva que ahora tendrá que trasladar ese perfil a una semana larga, dura y acumulativa. Esta unión reúne oficio local y talento de primer nivel en una de las combinaciones más serias para pelear la general femenina de la Absa Cape Epic femenina.
Tampoco conviene perder de vista a Hayley Preen y Haley Smith, otra dupla con ambición real de entrar en el podio. En una edición así, con favoritas menos definidas que en otros años, el margen entre aspirar a un cajón y acabar peleando por el maillot de líderes puede depender de un solo mal día, una avería o una jornada especialmente dura en la montaña. Ese es precisamente uno de los rasgos que refuerzan el atractivo de esta carrera de Mountain Bike por etapas: no suele ganarla solo el equipo más brillante, sino el que mejor resiste cuando la prueba empieza a pasar factura.
Con ese panorama, la Absa Cape Epic arranca con más preguntas que respuestas. Hay nombres de sobra para sostener un cartel de primer nivel, pero faltan varias piezas que habrían ordenado mejor la lucha por la general. Eso deja una edición con menos certezas, más espacio para la estrategia y una sensación poco frecuente en la gran cita sudafricana: esta vez, tanto en hombres como en mujeres, casi nadie puede decir que sale con el control real de la carrera.