Competición

La Orbea Monegros resiste al cambio de ciclo y vuelve a llenar Sariñena de Mountain Bike

Unos 5.800 ciclistas tomaron la salida en una edición especial, la número 26, con el valor añadido de celebrar un cuarto de siglo de historia.

Hay pruebas que no se miden solo por el número de dorsales ni por el tiempo del vencedor. Se reconocen antes, en la carretera de acceso al pueblo, en los coches cargados de bicicletas, en los bares abiertos desde primera hora y en esa mezcla de nervios, polvo y conversaciones que solo aparece cuando una marcha ha pasado a formar parte de la identidad de un territorio.

Participantes de la prueba. Imagen: Orbea Monegros
Participantes de la prueba. Imagen: Orbea Monegros

Más de 5.800 ciclistas en una edición marcada por el calor, el polvo y el aniversario de la prueba

La Orbea Monegros volvió a convertir este sábado a Sariñena y a la Comarca de Los Monegros en uno de los grandes puntos de encuentro del Mountain Bike en España. Unos 5.800 ciclistas tomaron la salida en una edición especial, la número 26, con el valor añadido de celebrar un cuarto de siglo de historia desde que la prueba comenzó a crecer hasta convertirse en una referencia nacional.

La jornada estuvo marcada por el buen tiempo, aunque también por el calor y el polvo, dos elementos habituales en una cita donde el paisaje forma parte del desafío. La estepa monegrina volvió a imponer su carácter en una prueba que, más allá del cronómetro, exige gestionar fuerzas, hidratación y cabeza durante muchas horas de bicicleta.

Los participantes eligieron entre dos recorridos: la maratón de 113 kilómetros y la media maratón de 79 kilómetros. La primera volvió a ser la opción mayoritaria entre los ciclistas que buscaban afrontar el reto completo de una marcha conocida por sus largas pistas, sus cambios de ritmo y esa sensación de rodar durante kilómetros en un terreno tan abierto como exigente.

La salida, con cuenta atrás, música y confeti, volvió a ser uno de los momentos más reconocibles de la prueba. Desde ahí, el pelotón se lanzó hacia los caminos de Los Monegros en una jornada en la que cada ciclista afrontó su propio objetivo, desde acabar con buenas sensaciones hasta pelear por las primeras posiciones.

Aunque la marcha mantiene su carácter no competitivo, ganar en Sariñena sigue teniendo peso deportivo. En categoría masculina, el chileno Sebastián Gesche fue el más rápido tras completar los 113 kilómetros en 3 horas y 10 minutos. El corredor explicó al terminar que atacó alrededor del kilómetro 26 y que desde ese momento afrontó la prueba como una larga contrarreloj individual.

En categoría femenina, la victoria fue para la catalana Cristina Borrás, que destacó la dureza de la jornada por las altas temperaturas. Su triunfo confirmó la exigencia de una prueba donde el ritmo no lo marca solo el nivel físico, sino también la capacidad para adaptarse a un terreno seco, rápido y expuesto.

La marcha MTB en Los Monegros también reflejó el momento actual del ciclismo de montaña popular. La cifra de inscritos ha bajado respecto a algunos años anteriores, pero la organización lo interpreta como una forma de mejorar la atención al participante en un mercado cada vez más saturado de pruebas. La bicicleta de montaña no vive el mismo auge de hace una década, mientras el Gravel gana espacio y encuentra en eventos de este tipo un terreno natural para crecer.

Ese ajuste no ha cambiado la dimensión de la cita. Entre ciclistas y acompañantes, la organización calcula que la prueba puede movilizar alrededor de 20.000 personas durante el fin de semana. El retorno económico supera el millón de euros, con impacto directo en alojamientos, hostelería, comercio y servicios de la zona.

La prueba, declarada Actividad de Interés Turístico de Aragón, se mantiene como un escaparate deportivo y turístico para Sariñena y la Comarca de Los Monegros. No es solo una marcha ciclista; también funciona como una herramienta de promoción territorial en una zona donde el deporte al aire libre tiene cada vez más valor para atraer visitantes.

El presidente de la Comarca de Los Monegros, Pedro Manuel Loscertales, destacó el papel del evento como escaparate de la belleza del territorio y herramienta de promoción. También defendió la necesidad de mantener la prueba como referente nacional y de reforzar la imagen de Los Monegros como un destino atractivo más allá de la competición.

El director de la prueba, Juan Carlos Nájera, subrayó que la Orbea Monegros sigue siendo una gran fiesta de la bicicleta, una definición que encaja con el espíritu de una marcha donde conviven ciclistas de alto nivel, aficionados veteranos y participantes que preparan durante meses su gran reto del año.

El alcalde de Sariñena, Francisco Villellas, valoró el desarrollo de la jornada y el efecto de la prueba sobre el municipio. Según señaló, las condiciones permitieron disfrutar de unos paisajes llenos de contrastes y reforzaron el papel de Sariñena como sede preparada para acoger grandes eventos deportivos.

El dispositivo de seguridad y organización volvió a ser uno de los pilares de la jornada. Guardia Civil, Cruz Roja, Protección Civil y un amplio grupo de voluntarios trabajaron a lo largo del recorrido para garantizar el desarrollo de una marcha multitudinaria, con participantes llegados de toda España y de hasta ocho nacionalidades.

La maratón de 113 kilómetros y la media maratón de 79 kilómetros volvieron a demostrar que la Orbea Monegros no necesita cambiar su esencia para seguir siendo relevante. En un calendario lleno de propuestas, su fuerza está en una fórmula reconocible: recorrido amplio, ambiente masivo, territorio singular y una organización que entiende que el valor de la prueba va más allá de la línea de meta.

La edición de este año confirmó que la prueba de Mountain Bike en Sariñena sigue ocupando un lugar propio dentro del calendario nacional. Puede que el sector haya cambiado, que el Gravel haya ganado terreno y que la participación ya no se mida con los mismos parámetros que en los años de mayor explosión del MTB, pero Los Monegros volvieron a reunir lo que muchas pruebas buscan y pocas consiguen: identidad, arraigo y una experiencia difícil de replicar.