La seguridad vuelve al centro del debate en el ciclismo de carretera con la llegada de un sistema que hasta ahora parecía incompatible con el alto rendimiento. La empresa belga Aerobag ha desarrollado un airbag específico para ciclistas profesionales que se integra directamente en los tirantes del culotte, con el objetivo de proteger zonas críticas del cuerpo sin penalizar peso, aerodinámica ni libertad de movimiento.

Un enfoque radicalmente distinto al de los airbags ciclistas conocidos
La premisa de partida es clara. En descensos a gran velocidad, habituales en el calendario WorldTour, el casco sigue siendo prácticamente el único elemento de protección real. Más allá de él, cuello, columna y tórax quedan expuestos en caso de caída. El proyecto de Aerobag plantea una solución orientada a la élite, donde cada gramo y cada detalle importan, pero donde el riesgo es constante.
El sistema se basa en un airbag de inflado ultrarrápido capaz de desplegarse en menos de 100 milisegundos. Su función es crear una estructura de absorción alrededor del tronco superior del ciclista en el momento previo al impacto, reduciendo la violencia del golpe en zonas especialmente vulnerables. La idea es llevar la seguridad en ciclismo profesional a un nivel comparable al de otras disciplinas deportivas de alta velocidad.
Uno de los grandes retos históricos de este tipo de soluciones ha sido la ergonomía. Mochilas con airbag o chalecos rígidos han demostrado ser inviables para esfuerzos intensos y prolongados. Aerobag evita ese problema integrando todo el sistema en los tirantes del culotte, con pequeñas bolsas de malla cosidas directamente a la prenda. El resultado es un conjunto que apenas se percibe sobre la bicicleta y que mantiene la transpirabilidad propia de un culotte de competición.
El peso declarado del sistema completo ronda los 500 gramos, una cifra muy inferior a la de cualquier otro airbag para ciclistas conocido hasta ahora. Al eliminar la necesidad de una mochila o estructura externa, el conjunto se acerca más al peso de un bidón lleno que al de un elemento de protección convencional, un factor clave para su aceptación en el pelotón profesional.

En el apartado tecnológico, Aerobag apuesta por un sistema de detección avanzado. Nueve sensores trabajan a una frecuencia de 200 Hz para analizar en tiempo real los movimientos del ciclista. Los datos se procesan mediante algoritmos de inteligencia artificial entrenados para distinguir entre gestos normales de conducción y situaciones de caída real. Solo entonces se activa el cartucho de CO2 que infla el airbag, un punto crítico para evitar activaciones accidentales durante la carrera.
Tras el impacto, el airbag se desinfla de forma controlada. Según la compañía, el sistema está diseñado para poder recolocarse rápidamente, permitiendo al ciclista continuar en carrera si no presenta lesiones de mayor gravedad. Un detalle relevante en un entorno competitivo donde abandonar no siempre es la primera opción.
El origen del proyecto tiene un fuerte componente emocional. El accidente mortal de Bjorg Lambrecht en 2019 fue el detonante para que Bert Celis, cofundador de Aerobag, redirigiera su experiencia en aerodinámica y rendimiento hacia la protección del ciclista. Celis había trabajado previamente con equipos profesionales y con el propio Lambrecht en túnel de viento, lo que dio al proyecto una motivación muy concreta.
La experiencia acumulada en desarrollo textil de alto nivel también ha sido clave. Aerobag colabora con fabricantes de ropa técnica para integrar el sistema sin alterar el ajuste ni el confort. Entre ellos figura Nalini, proveedor del Team Picnic PostNL, que será uno de los primeros equipos en probar el sistema en entrenamientos a partir de 2026.
El objetivo inicial se centra exclusivamente en la carretera profesional, donde los descensos a más de 80 km/h forman parte habitual de la competición. En ese contexto, la combinación de protección del ciclista y mínima interferencia con el rendimiento resulta determinante para que la tecnología tenga recorrido real.
Aunque todavía está en fase de pruebas, la compañía no oculta su intención de llegar al mercado general si los resultados acompañan. La posible comercialización para usuarios no profesionales dependerá del comportamiento del sistema en condiciones reales y de su fiabilidad a largo plazo, un aspecto crítico en cualquier elemento de seguridad activa.
Si el desarrollo sigue el calendario previsto, el ciclismo podría estar ante uno de los cambios más relevantes en materia de seguridad en carretera de las últimas décadas. No se trata solo de añadir protección, sino de hacerlo sin alterar la esencia competitiva de un deporte que tradicionalmente ha asumido el riesgo como parte del juego.