El dolor de rodilla es uno de los motivos de consulta más frecuentes entre las personas que practican ciclismo, tanto en rutas recreativas como en sesiones de entrenamiento más exigentes. Aunque suele asociarse al desgaste, en la mayoría de casos responde a errores de ajuste, técnica o planificación que pueden corregirse con relativa facilidad.

Factores que explican la aparición de molestias
La rodilla soporta una carga constante durante el pedaleo, lo que convierte a esta articulación en una de las más expuestas. Una causa habitual es la mala posición sobre la bicicleta, tanto por una altura incorrecta del sillín como por un retroceso inadecuado. Un sillín demasiado bajo incrementa la flexión de la rodilla y eleva el estrés articular, mientras que un sillín demasiado alto obliga a estirar en exceso la pierna y puede irritar los tejidos.
Otra fuente de molestias procede de la colocación de las calas. Un giro inapropiado o un avance excesivo modifican la alineación de la pierna durante el pedaleo, generando tensiones que, con el tiempo, terminan en dolor. Los ciclistas que aumentan de forma brusca el volumen o la intensidad del entrenamiento también están más expuestos a sobrecargas en la zona rotuliana o en los tendones.
El desarrollo elegido en las subidas puede tener un papel determinante. Cadencias muy bajas obligan a ejercer una fuerza excesiva sobre cada pedalada, algo que castiga especialmente al tendón rotuliano y al vasto interno. Mantener una cadencia moderada reduce de manera apreciable ese estrés.
El estado físico previo influye de forma directa. Un déficit de fuerza en glúteos, isquiosurales o core altera la biomecánica del pedaleo y desplaza parte del trabajo hacia la rodilla. Esa descompensación acaba convirtiéndose en una fuente constante de molestias, sobre todo en tiradas largas.
Lesiones pasadas, una técnica deficiente o el uso de zapatillas muy gastadas completan la lista de factores más habituales. En todos estos casos, la repetición mecánica del gesto termina amplificando el problema.
Prevenir el dolor de rodilla exige revisar el ajuste de la bicicleta. La altura del sillín debe permitir una ligera flexión en la rodilla en el punto más bajo del pedaleo, mientras que el retroceso ha de situar la articulación en un eje cómodo y estable. Contar con un estudio biomecánico puede marcar la diferencia en ciclistas que arrastran molestias recurrentes.
La colocación de las calas merece una atención especial. Alinear el pie con la dirección natural de la pierna y asegurar un margen de rotación suficiente evita tensiones innecesarias. Es recomendable revisar ese ajuste cada cierto tiempo, sobre todo si se cambian las zapatillas.
El entrenamiento progresivo sigue siendo una de las herramientas más eficaces. Incrementar el volumen semanal en pequeños bloques y mejorar la fuerza de los grandes grupos musculares reduce el riesgo de sobrecarga. Los ciclistas que priorizan la fuerza en glúteos y core suelen presentar menor incidencia de molestias en rodilla gracias a una mayor estabilidad en el pedaleo.
También es importante vigilar la cadencia en terreno exigente. Adaptar el desarrollo para mantener un ritmo fluido evita que la articulación trabaje bajo una presión excesiva. En rutas largas, realizar pausas cortas y estirar ligeramente la musculatura ayuda a mantener una buena movilidad.
Cuando el dolor aparece, conviene actuar con rapidez. Reducir la intensidad unos días y aplicar frío permite rebajar la inflamación inicial. Si la molestia persiste, la valoración de un profesional resulta imprescindible para detectar posibles desequilibrios o lesiones asociadas.
El ciclismo es un deporte de bajo impacto, pero la repetición constante del gesto convierte a la rodilla en una zona sensible. Con un ajuste adecuado, una musculatura equilibrada y una planificación ordenada, la mayoría de problemas pueden evitarse y la práctica vuelve a ser segura y cómoda.