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El factor que casi nadie entrena en MTB y que marca enormes diferencias

En un deporte donde la preparación física está cada vez más igualada, la técnica se convierte en el verdadero factor diferencial. Y es, paradójicamente, el que casi nadie entrena de forma sistemática.

En el entrenamiento de MTB, la mayoría de ciclistas centra sus esfuerzos en mejorar la resistencia, la fuerza o el umbral anaeróbico. Horas de rodillo, series estructuradas y planes bien periodizados forman parte de la rutina habitual. Sin embargo, existe un factor decisivo que apenas se trabaja de forma consciente y que explica por qué, a igualdad de condición física, unos deportistas son mucho más rápidos y eficientes sobre la bicicleta que otros.

Ciclista bajando por un sendero rocoso. Imagen: TodoMountainBike
Ciclista bajando por un sendero rocoso. Imagen: TodoMountainBike

La técnica de conducción, el gran olvidado del entrenamiento

La técnica en MTB es el elemento que más diferencias genera en situaciones reales de carrera o ruta, especialmente en terrenos técnicos, senderos revirados y descensos exigentes. No se trata solo de bajar más rápido, sino de gastar menos energía, cometer menos errores y mantener una velocidad media más alta sin elevar el esfuerzo percibido.

Muchos ciclistas con buenos valores de potencia pierden segundos (o minutos) en zonas técnicas por una lectura deficiente del terreno, trazadas poco eficientes o una posición corporal incorrecta. Esa pérdida no aparece en los datos del potenciómetro, pero tiene un impacto directo en el rendimiento global.

La posición sobre la bicicleta es uno de los pilares de la técnica. Saber cuándo cargar peso sobre la rueda delantera, cómo liberar la trasera en curvas cerradas o cómo absorber obstáculos con brazos y piernas marca la diferencia entre fluir por el sendero o luchar contra la bicicleta en cada metro.

Otro aspecto clave es la mirada y la anticipación. Los ciclistas que dominan la técnica no reaccionan al obstáculo cuando ya lo tienen encima. Analizan el terreno varios metros por delante, eligen trazadas con antelación y toman decisiones antes de que aparezca el problema. Esta habilidad se entrena, pero rara vez se incluye en los planes tradicionales.

La gestión de la frenada es otro punto crítico. Frenar tarde, de forma brusca o en el lugar incorrecto penaliza la velocidad de salida y rompe el ritmo. Un uso preciso de los frenos permite mantener inercia, conservar tracción y enlazar curvas con mayor fluidez, algo fundamental en disciplinas de MTB como el Cross Country o el Enduro.

También influye de forma directa en la fatiga. Un ciclista técnicamente eficiente llega menos cargado a los tramos finales, ya que ha reducido impactos, correcciones constantes y esfuerzos innecesarios. A largo plazo, esto se traduce en más consistencia y menor riesgo de errores cuando aparece el cansancio.

La paradoja es evidente: mejorar la técnica requiere menos tiempo que mejorar la condición física, pero exige atención, método y práctica específica. Salir a rodar siempre al mismo ritmo y por los mismos recorridos apenas genera estímulos técnicos nuevos.

Incluir sesiones específicas de entrenamiento técnico en MTB, repetir tramos cortos, practicar curvas, escalones o bajadas controladas y, sobre todo, rodar con ciclistas más habilidosos es una de las formas más eficaces de progresar. No hace falta ir más fuerte, sino aprender a ir mejor.

En un deporte donde la preparación física está cada vez más igualada, la técnica se convierte en el verdadero factor diferencial. Y es, paradójicamente, el que casi nadie entrena de forma sistemática.