El índice de Recuperación de la Frecuencia Cardíaca (RFC) y su importancia en la vuelta a hacer deporte

Tras dos meses de confinamiento, los ciudadanos españoles ya pueden volver a practicar actividades deportivas al aire libre desde el pasado 2 de mayo con la entrada en vigor del plan de desescalada propuesto por el Gobierno. Apenas unos días después del inicio de estas actividades, se dieron los primeros casos de fallecimientos por fallo cardíaco en personas supuestamente sin patologías previas.

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Medición de la frecuencia cardíaca. Foto: Mirko Sajkov

La muerte súbita

Estas muertes súbitas son, desgraciadamente, muy comunes en todo el mundo, incluso en deportistas profesionales. Este tipo de muerte se produce por una parada cardíaca repentina y tiene una mayor incidencia en personas activas (deportistas) que en sedentarias, afecta a deportistas de todas las edades y suele producirse durante la práctica del ejercicio físico o inmediatamente después.

La muerte súbita se produce cuando el corazón sufre una fibrilación ventricular: un trastorno del ritmo cardíaco que lleva a la pérdida total de contracción cardíaca y, por ende, a la muerte. Tal y como indica su propio nombre, se trata de un fallo cardíaco repentino, en la mayoría de casos debido a una anomalía cardiovascular no detectada a tiempo que podría prevenirse mediante la realización de, al menos, una prueba de esfuerzo realizada por un médico especializado una vez al año.

Gracias a esta prueba, especialmente importante para deportistas de cualquier edad, se puede detectar cualquier tipo de anomalía en la actividad cardíaca y actuar en consecuencia. Otros factores preventivos pasan por hacer uso de un pulsómetro durante la práctica deportiva, muy útil para conocer en todo momento el estado de las pulsaciones, teniendo muy en cuenta los propios límites para evitar caer en el sobreentrenamiento o en un sobreesfuerzo que lleve al corazón más allá de sus pulsaciones máximas durante un período prolongado.

El índice de Recuperación de la Frecuencia Cardíaca

La práctica regular de actividades aeróbicas como el ciclismo produce cambios muy importantes en el sistema cardiorrespiratorio. Los pulmones aumentan su capacidad de almacenar aire y el corazón se fortalece, creciendo además en tamaño, con el objetivo de ofrecer una mejor respuesta cardiovascular ante los esfuerzos más intensos.

Por desgracia, tras un parón de la actividad habitual como el que se ha producido durante el confinamiento, es probable que también se hayan producido cambios en el sistema cardiorrespiratorio, que se habrá adaptado a una menor actividad física y, por tanto, es probable que no esté preparado par afrontar con garantías una sesión de ejercicio físico intenso a las primeras de cambio.

La Recuperación de la Frecuencia Cardíaca (RFC) es la diferencia de frecuencia cardíaca tomada en un pico de esfuerzo y la obtenida (generalmente tras 90 segundos) después del cese de la actividad física. El índice de recuperación cardíaca determina el grado de recuperación del sistema cardiovascular y sirve tanto como indicativo del estado de salud del deportista como del grado de asimiliamiento del ejercicio realizado.

La recuperación cardiovascular está directamente relacionada con el grado de exigencia del ejercicio físico: a mayor intensidad del esfuerzo realizado, mayor % de recuperación. Obviamente, cada persona es diferente y también entran en juego otros factores como la temperatura externa, estado anímico, estado físico, tipo de ejercicio, etc, pero en términos generales una baja RFC indica un posible sobreentrenamiento o problema de salud y una RFC alta representa todo lo contrario: una óptima respuesta cardiovascular y condición física.

Medir la frecuencia cardíaca justo después de haber realizado un pico de esfuerzo (por ejemplo, un ascenso en bicicleta a máxima intensidad) y 90 segundos después de haber realizado la primera medición de pulsaciones sirve para obtener el Índice de Recuperación Cardíaca, que no es otra cosa que un indicativo muy útil acerca de la salud del sistema cardiovascular y de la asimilación del ejercicio realizado.

¿Para qué sirve el cálculo de la RFC? Para saber si el sistema cardiovascular se recupera de forma óptima, previniendo la tan temible muerte súbita en deportistas. Una recuperación cardíaca de entre el 15% y el 25% de las pulsaciones obtenidas en el pico de esfuerzo tras 90 segundos del cese de la actividad entra dentro de los parámetros normales; una recuperación por debajo de ese índice puede indicar algún tipo de problema físico o de sobreentrenamiento que no se debe ignorar bajo ningún concepto.

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