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Tuvalum entra en concurso de acreedores y deja en el aire uno de los proyectos más visibles de la bicicleta usada en España

A corto plazo, el concurso abre incógnitas sobre la continuidad operativa del negocio y sobre cómo afectará el proceso a vendedores, compradores y socios del ecosistema de la empresa.

Durante años, el mercado de la bicicleta de segunda mano dejó de ser un terreno dominado por anuncios dispersos y operaciones entre particulares sin demasiadas garantías. En ese cambio de escenario apareció Tuvalum, una firma valenciana que prometía ordenar un segmento fragmentado y dar confianza a un comprador cada vez más dispuesto a pagar por una bici revisada, reacondicionada y lista para rodar. Ahora, ese recorrido se cruza con un giro judicial que obliga a mirar más allá del volumen de ventas y a poner el foco en la fragilidad económica de muchos negocios digitales ligados al ciclismo.

Logotipo de la empresa. Imagen: Tuvalum
Logotipo de la empresa. Imagen: Tuvalum

El concurso llega tras años de crecimiento comercial sin rentabilidad sostenida

Tuvalum Sports S.L., fundada en 2015, ha entrado en concurso de acreedores después de que el procedimiento fuese declarado el 23 de febrero de 2026 por la sección de lo mercantil del Tribunal de Instancia de Valencia y publicado después en el BORME. El auto fija el concurso como voluntario, acuerda la intervención de las facultades de administración y disposición de la sociedad y nombra como administrador concursal a Estruch Consultores Mercantiles SLP.

La compañía había logrado hacerse un hueco reconocible dentro del mercado de bicicletas de segunda mano en España con un modelo que buscaba diferenciarse del simple tablón de anuncios. Su propuesta consistía en comprar bicicletas a particulares, revisarlas, reacondicionarlas y revenderlas con garantía a través de su plataforma. Esa fórmula encajó bien en una etapa en la que la compra online de material ciclista usado empezó a ganar peso, sobre todo entre los ciclistas que buscaban acceder a gamas altas sin asumir el precio de una bici nueva.

Detrás del proyecto estaban Alejandro Pons, actual CEO, e Ismael Labrador, en una empresa que además logró atraer capital de inversores como Demium Capital, Athos Capital, SeedRocket 4Founders o Startupxplore, junto a varios business angels. Esa capacidad para captar respaldo financiero ayudó a que Tuvalum pasara durante años por ser una de las referencias nacionales en la compraventa online de bicicletas, especialmente en un nicho donde la confianza, la logística y la verificación técnica marcan la diferencia entre escalar o quedarse en una idea prometedora.

Las últimas cuentas disponibles muestran, sin embargo, el problema de fondo. La sociedad elevó su cifra de negocios hasta 4,26 millones de € en 2024, por encima de los 3,99 millones de € registrados en 2023, pero siguió en números rojos. Las pérdidas se situaron en 572.933,88 € en 2024, después de haber alcanzado 896.908,46 € el año anterior. Es decir, hubo mejora en el resultado, pero no la suficiente como para salir de una dinámica de desequilibrio que en muchos negocios digitales acaba pesando más que el crecimiento comercial.

Ese dato resulta especialmente relevante en un sector como el ciclista, donde el auge vivido tras la pandemia dio paso a una fase mucho más exigente. La corrección del stock, la desaceleración del consumo y la presión sobre márgenes han golpeado tanto al canal tradicional como a operadores centrados en el entorno digital. En ese escenario, una empresa especializada en bicicletas reacondicionadas con garantía necesita volumen, rotación y control de costes con muy poco margen para el error.

El caso de Tuvalum también deja una lectura más amplia sobre la evolución del usado en el ciclismo. El mercado sigue teniendo lógica para el usuario y sigue siendo una puerta de entrada real a bicicletas de alto nivel, sobre todo en Carretera, Gravel y MTB, pero monetizar ese proceso de forma estable es bastante más complejo de lo que parecía hace unos años. Revisar, reacondicionar, transportar, dar cobertura posventa y sostener la captación digital implica una estructura costosa incluso cuando la demanda acompaña. Ahí es donde la promesa de la plataforma de bicicletas usadas choca con la realidad financiera.

A corto plazo, el concurso abre incógnitas sobre la continuidad operativa del negocio y sobre cómo afectará el proceso a vendedores, compradores y socios del ecosistema de la empresa. El nombramiento de la administración concursal sitúa ahora el foco en la viabilidad de la sociedad y en la posible reorganización de una firma que llegó a representar una de las apuestas más visibles por profesionalizar el usado dentro del sector ciclista español. La caída no invalida la necesidad del servicio, pero sí refleja hasta qué punto el negocio de la segunda mano ciclista en España exige algo más que notoriedad, crecimiento y una buena idea de partida.