Hay años en los que una clásica deja de ser solo una clásica. Pasa cuando el recorrido es el de siempre, con sus muros, sus adoquines y su liturgia, pero alrededor se junta una combinación que rara vez aparece a la vez en la misma línea de salida. Flandes amaneció muchas veces con grandes nombres, aunque no siempre con la sensación de estar ante una fotografía difícil de repetir en el ciclismo actual.

Un duelo histórico en Oudenaarde con cuatro líderes de época
El Tour de Flandes 2026, previsto para este domingo 5 de abril entre Amberes y Oudenaarde, llega con un cartel que pocas carreras de un día pueden presentar ahora mismo: Tadej Pogacar, Mathieu van der Poel, Wout van Aert y Remco Evenepoel compartirán protagonismo en el segundo Monumento de la temporada. La presencia del belga del Soudal Quick-Step, además, añade un elemento nuevo porque se trata de su debut en De Ronde, confirmado esta misma semana.
La carrera sitúa a Pogacar y Van der Poel en el centro de todos los focos. El esloveno defiende victoria y busca su tercer triunfo en Flandes, después de haber ganado ya en 2023 y 2025, mientras que el neerlandés persigue una cuarta corona que le dejaría en solitario como el corredor más laureado de la prueba en la era moderna reciente. Ese pulso entre dos campeones capaces de romper la carrera en el Oude Kwaremont o en el Paterberg ya bastaría para elevar el interés, pero esta vez no estarán solos.
Ahí entra Van Aert, siempre señalado cuando el trazado mezcla dureza, tensión táctica y adoquín, aunque Flandes siga siendo una de las grandes piezas que faltan en su palmarés. Y entra también Evenepoel, cuyo estreno cambia la lectura de la prueba porque añade una batalla entre Pogacar, Van der Poel, Van Aert y Evenepoel que no se había visto en una gran clásica de un día con los cuatro defendiendo los colores de sus equipos. La organización y las listas preliminares de salida reflejan precisamente esa concentración de talento.
La referencia más cercana de un enfrentamiento conjunto entre los cuatro obliga a mirar muy atrás. El precedente realmente comparable está en el Mundial de Glasgow de 2023, ganado por Van der Poel por delante de Van Aert y Pogacar, con Evenepoel en un papel muy distinto dentro del bloque belga. Desde aquella carrera hasta este Tour de Flandes habrán pasado 973 días, una cifra que ayuda a explicar por qué esta edición se interpreta ya como una cita excepcional dentro del calendario.
Más allá del foco sobre ese cuarteto, el abanico de aspirantes no se agota ahí. Mads Pedersen aparece como el nombre más sólido entre los candidatos a romper el guion, después de firmar el segundo puesto en la pasada edición y de seguir siendo una referencia en este tipo de recorridos. También figuran en la relación de inscritos corredores como Arnaud De Lie, Paul Magnier, Jasper Stuyven o Matteo Trentin, perfiles muy distintos pero todos con argumentos en una carrera que suele castigar cualquier despiste y premiar tanto la potencia como la colocación.
En lo táctico, el detalle importante está en los bloques. UAE Team Emirates, Alpecin-Premier Tech, Visma-Lease a Bike y Soudal Quick-Step llegan con estructuras capaces de endurecer la carrera desde lejos o de proteger a su líder hasta el momento decisivo. Eso da más valor al cartel, porque no se trata solo de reunir estrellas, sino de hacerlo con equipos preparados para convertir el Monumento del adoquín flamenco en una guerra de selección desde bastante antes del desenlace.
También pesa el momento de forma y el relato reciente de cada uno. Pogacar sigue ocupando el papel de referencia tras su arranque de campaña y Van der Poel llega con la mira puesta en un récord histórico en Flandes, mientras Van Aert busca transformar su regularidad en una victoria de máximo nivel y Evenepoel aterriza como la gran incógnita de la jornada. Esa mezcla convierte la carrera en algo más que una simple sucesión de favoritos: dibuja un duelo de gigantes en las clásicas de primavera que rara vez coincide en plenitud competitiva.
Por eso la edición de 2026 llega con una carga especial incluso antes de que se baje la bandera. Flandes ya tenía recorrido, historia y prestigio. Esta vez suma además una reunión de líderes que el ciclismo llevaba demasiado tiempo esperando. Y en una prueba de 278 kilómetros, con 16 cotas y seis sectores llanos de pavé, esa expectativa no garantiza nada, pero sí dispara el valor deportivo de una jornada que apunta a ser una de las referencias de la temporada.