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Gravaa se declara en bancarrota pese a demostrar su tecnología en las grandes carreras

La marca reconoce que el volumen de ventas nunca alcanzó el nivel necesario para sostener la estructura empresarial, pese a la visibilidad lograda en competición y a que el producto estaba disponible para el público.

El desenlace no deja de resultar paradójico. Gravaa, una de las empresas más innovadoras de los últimos años en el ámbito del ciclismo de alto rendimiento, ha iniciado un proceso de bancarrota a pesar de haber validado su tecnología en algunos de los escenarios competitivos más exigentes del calendario internacional.

Sistema automático de presión de neumáticos. Imagen: Gravaa
Sistema automático de presión de neumáticos. Imagen: Gravaa

Una idea revolucionaria probada al máximo nivel

El sistema desarrollado por la marca, conocido como KAPS (Kinetic Air Pressure System), permitía modificar la presión de los neumáticos en marcha mediante un diseño específico del buje y unos mandos instalados en el manillar. Una solución pensada para adaptarse de forma inmediata a cambios de superficie, sin detenerse ni perder ritmo, algo especialmente relevante en disciplinas como el gravel o las clásicas sobre adoquines.

Lejos de quedarse en un concepto experimental, la tecnología llegó a lo más alto. Marianne Vos utilizó los bujes de Gravaa para imponerse en el Mundial de Gravel de 2024, sumando su decimocuarto maillot arcoíris. Unos meses antes, el sistema también había sido protagonista en la victoria de Pauline Ferrand-Prévot en la Parés-Roubaix, una de las pruebas más duras y simbólicas del ciclismo profesional, compitiendo bajo los colores del Team Visma Lease-a-Bike.

Estos resultados confirmaron que no se trataba de un simple experimento tecnológico, sino de una solución con ventajas reales en condiciones muy concretas, donde la gestión de la presión puede marcar diferencias.

El proyecto, presentado públicamente en 2021, había generado expectativas tanto en el pelotón profesional como entre los aficionados más atentos a la innovación. La posibilidad de ajustar la presión sin desmontar la bicicleta encajaba con una tendencia clara hacia la optimización dinámica del material, especialmente en entornos variables.

Sin embargo, el éxito deportivo no se tradujo en una adopción comercial suficiente. La marca reconoce que el volumen de ventas nunca alcanzó el nivel necesario para sostener la estructura empresarial, pese a la visibilidad lograda en competición y a que el producto estaba disponible para el público.

Uno de los principales frenos fue la ausencia de un sistema plenamente compatible con configuraciones tubeless. El sellante representaba un problema técnico importante, ya que podía afectar al funcionamiento interno del buje. Aunque Gravaa había desarrollado una membrana eficaz para evitarlo, el mantenimiento periódico que requería resultaba asumible en equipos profesionales, pero poco atractivo para el usuario medio.

Según explica su director comercial, John Zopfi, la solución definitiva estaba prevista para el primer trimestre del año, pero llegó demasiado tarde. A ello se sumó otro obstáculo evidente: el precio. Los juegos de ruedas completos se movían entre los 3.900 y los 4.400 € en sus versiones más habituales, con una opción más asequible que rondaba los 3.000 €. Un rango difícil de justificar fuera de un público muy concreto.

La empresa quedó atrapada en una dinámica complicada. Para reducir precios necesitaba volumen, pero para lograr volumen era imprescindible escalar la producción, algo imposible sin una inyección de capital y compromisos firmes por parte de grandes clientes. Ese punto de equilibrio nunca llegó.

A nivel tecnológico, el caso de Gravaa vuelve a poner sobre la mesa una realidad recurrente en el sector del ciclismo: no todas las innovaciones que funcionan en carrera logran encajar en el mercado. La diferencia entre rendimiento puro y viabilidad comercial sigue siendo determinante, incluso cuando el producto cumple lo prometido.

El futuro del sistema no está completamente cerrado. La compañía ha confirmado que un administrador concursal evaluará si la tecnología, la marca o parte del negocio pueden continuar bajo una nueva propiedad. La puerta queda abierta a que el concepto resurja en otras manos o inspire soluciones similares.

Mientras tanto, la bancarrota de Gravaa deja una lección clara para la industria. La innovación tecnológica en ciclismo necesita algo más que victorias para sobrevivir: requiere compatibilidad con los estándares dominantes, precios asumibles y una estructura capaz de sostener el salto del laboratorio a la calle.

El ajuste de presión en marcha, los bujes inteligentes y el desarrollo de soluciones avanzadas para gravel y carretera seguirán evolucionando, pero el camino entre la élite y el mercado masivo sigue siendo tan exigente como un tramo de adoquines mojados bajo ruedas finas.