A veces una bicicleta deja de encajar en su propia categoría. No porque falle en su planteamiento, sino porque lleva sus límites hasta un punto que obliga a replantear lo que se considera lógico dentro de un segmento. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con una propuesta llegada desde Nueva Zelanda que, sin hacer demasiado ruido, ha empezado a llamar la atención por cifras que hasta ahora parecían reservadas al Mountain Bike más radical.

Una e-Gravel que rompe el equilibrio tradicional entre ligereza y potencia
El lanzamiento de la Velduro Phantom X introduce un concepto poco habitual dentro del Gravel eléctrico. Mientras la mayoría de fabricantes ha apostado por sistemas de asistencia ligeros y discretos, esta bicicleta apuesta directamente por cifras propias de una e-MTB. Hablamos de la bicicleta eléctrica de gravel más potente del mercado, con un planteamiento que rompe con la tendencia dominante.

El corazón del sistema es el motor Avinox M2, una unidad que entrega hasta 1.100 W de potencia máxima y un par motor de 110 Nm, ampliable a 125 Nm en modo Boost durante intervalos de hasta 60 segundos. Este dato, en la práctica, sitúa a la Phantom X muy por encima de cualquier e-Gravel convencional, donde lo habitual es moverse en cifras muy contenidas para priorizar la eficiencia y el peso.
Este enfoque tiene implicaciones claras. En un terreno donde alcanzar los 25 km/h resulta relativamente sencillo, la presencia de un motor de estas características no busca tanto mantener velocidades altas como ofrecer una capacidad de aceleración y respuesta inédita en pistas de grava, especialmente en tramos rotos o con fuerte pendiente.

A nivel estructural, su cuadro de carbono ha sido diseñado con una única plataforma, aunque admite múltiples configuraciones. La posibilidad de montar horquilla de suspensión de hasta 40 mm de recorrido refuerza su carácter híbrido, acercándola en cierto modo al segmento del Trail ligero. Este detalle cobra sentido si se tiene en cuenta el tipo de uso que permite un conjunto con tanta asistencia.
Otro de los puntos llamativos es la integración de soluciones prácticas. El cuadro incorpora numerosos puntos de anclaje (hasta ocho en el triángulo principal y seis en la horquilla), además de compatibilidad con portaequipajes trasero. Esto abre la puerta a un uso más allá del rendimiento puro, incluyendo rutas de larga distancia o bikepacking con asistencia eléctrica.

En lo que respecta al montaje, la bicicleta apuesta por una configuración mixta que ya se está haciendo habitual en Gravel. Combina mandos SRAM Rival AXS con un desviador trasero GX AXS T-Type, lo que permite montar cassettes de MTB y lograr un rango de desarrollo muy amplio. Este detalle resulta clave para gestionar la potencia del sistema en todo tipo de situaciones.
Las ruedas, fabricadas en carbono por la propia marca, presentan un perfil de 35 mm y se combinan con neumáticos de 700x45 mm (con paso hasta 50 mm). Esta elección refuerza el equilibrio entre velocidad y capacidad de absorción, especialmente en terrenos irregulares donde una Gravel tradicional puede quedarse corta.

El sistema eléctrico se completa con una batería integrada de 600 Wh, no extraíble, y un display Avinox DP100 ubicado en el tubo superior. A diferencia de muchas e-Gravel actuales que prescinden de pantalla, aquí se apuesta por ofrecer información completa y personalizable a través de la aplicación del fabricante.
El conjunto plantea un debate interesante dentro del sector. La potencia de 1.100 W en una e-Gravel abre nuevas posibilidades, pero también cuestiona el concepto original de estas bicicletas. Lo que hasta ahora era sinónimo de ligereza y eficiencia se transforma en una máquina capaz de afrontar terrenos mucho más exigentes sin renunciar a la velocidad.

No hay confirmación oficial de precio para esta versión Phantom X, aunque tomando como referencia otros modelos de la gama, es previsible que supere claramente los 8.999 €. Una cifra acorde a su carácter exclusivo y a una propuesta que se sitúa en un terreno propio dentro del mercado. Falta por ver si este enfoque encontrará su espacio entre los ciclistas o quedará como una propuesta de nicho, pero lo que sí parece evidente es que la frontera entre Gravel y MTB sigue difuminándose.