La hoja de ruta de Mathieu van der Poel para la primavera de 2026 ya es oficial. El neerlandés abrirá su temporada de carretera en la Omloop Het Nieuwsblad, punto de partida del calendario belga y primera gran cita sobre los muros flamencos. A partir de ahí, el guion apenas varía respecto al curso anterior: bloques bien definidos, objetivos concretos y los Monumentos como centro absoluto de su ambición.

Una primavera diseñada en torno a los Monumentos y el pavé
Tras cerrar el Mundial de ciclocross, el corredor del Alpecin-Deceuninck dejó en suspenso su regreso al asfalto. La prioridad era completar un bloque sólido de entrenamiento antes de confirmar fechas. Ese trabajo ya está hecho. Las sensaciones, según su entorno, son positivas y el debut en la Omloop servirá para medir el estado real de forma en un terreno que no concede margen: carreteras estrechas, muros encadenados y tensión constante en cabeza del pelotón.
La elección no es casual. La clásica belga encaja en la lógica de un corredor que basa buena parte de su rendimiento en la explosividad y la capacidad de lectura en escenarios imprevisibles. En ese sentido, el arranque en la Omloop marca el inicio de una temporada de Clásicas 2026 estructurada con precisión, sin experimentos ni cambios drásticos respecto a un modelo que ya ha dado resultados.
El siguiente paso será la Tirreno-Adriatico, carrera por etapas que vuelve a actuar como banco de pruebas antes del primer gran objetivo del año: la Milano-Sanremo. La Classicissima, con casi 300 kilómetros y un desenlace abierto hasta el último instante, exige fondo, paciencia y una arrancada letal en el momento justo. Van der Poel ha demostrado dominar ese equilibrio entre resistencia y explosividad, y por eso la cita italiana figura de nuevo como uno de sus grandes retos.
Sanremo abre el capítulo de los Monumentos, pero no lo cierra. Tras la carrera italiana, el foco se desplazará definitivamente al norte. La E3 Saxo Classic y la In Flanders Fields servirán como antesala de la Ronde van Vlaanderen, donde el neerlandés volverá a medirse a los grandes especialistas del pavé en el que es, para muchos, el examen más exigente del calendario de primavera.
La Ronde van Vlaanderen 2026 representa algo más que un Monumento. Es el corazón del ciclismo flamenco, un escenario en el que cada movimiento queda amplificado y donde la colocación, la potencia y la resistencia al desgaste marcan diferencias reales. En los últimos años, las batallas en el Oude Kwaremont y el Paterberg han definido jerarquías en el pelotón, y todo apunta a que volverán a hacerlo.
El cierre llegará con la París-Roubaix. Allí no bastan las piernas. Hace falta resistencia al castigo continuo del adoquín, capacidad de improvisación ante averías y sangre fría para gestionar los tramos más caóticos. Van der Poel ha demostrado que su perfil encaja a la perfección con las exigencias del Infierno del Norte, una carrera que convierte cada sector en una selección natural.
El calendario confirma una apuesta clara por las pruebas de un día, especialmente aquellas marcadas por el calendario de Clásicas del pavé. No hay incursiones en grandes vueltas ni bloques alternativos. El diseño responde a una lógica competitiva muy concreta: llegar fresco a los días decisivos y maximizar el rendimiento en escenarios donde cada detalle cuenta.
A nivel estratégico, repetir estructura también implica asumir que los rivales conocen sus movimientos. Corredores como Tadej Pogacar o Wout van Aert volverán a cruzarse en los mismos puntos del mapa, en duelos que trascienden lo táctico y se sitúan ya en el terreno simbólico del ciclismo actual. La primavera arranca en Bélgica. Y Van der Poel volverá a estar en primera línea desde el primer muro.