Mathieu van der Poel vuelve a moverse en ese territorio incómodo para sus rivales, el de un corredor capaz de cambiar de disciplina sin perder ambición ni foco competitivo. Después de una primavera marcada por el brillo de las clásicas y por algún golpe de mala fortuna, el neerlandés ha empezado a ordenar el resto de su calendario con una idea clara: todavía queda una pieza importante por encajar en una trayectoria que ya es excepcional.

Tour de Francia y Val di Sole marcan la segunda mitad del año
El corredor del Alpecin-Deceuninck ha confirmado en una entrevista con AS que el Tour de Francia 2026 será su gran objetivo inmediato. Antes de llegar a la carrera francesa, el equipo todavía debe definir qué pruebas disputará para afinar su preparación, pero el eje del verano ya está decidido.
La Grande Boucle vuelve a encajar en el perfil de Van der Poel como escaparate deportivo y mediático. No es un ciclista pensado para la general, pero sí uno de esos corredores capaces de romper una etapa, lanzar a sus compañeros o convertir cualquier jornada de media montaña, viento o terreno quebrado en una oportunidad real.
El otro gran foco estará lejos del asfalto. Van der Poel ha dejado claro que quiere volver a disputar carreras de Cross Country y que los Mundiales de Val di Sole, en Italia, aparecen como el gran desafío de final de temporada. Allí buscará el único maillot arcoíris que todavía falta en su colección.
El neerlandés ya ha sido campeón del mundo en carretera, ciclocross y gravel, pero el maillot arcoíris de XCO sigue pendiente. No es un reto fácil en lo deportivo, porque el Cross Country actual exige una adaptación muy específica: explosividad, técnica, gestión del esfuerzo en circuitos cada vez más físicos y una preparación distinta a la de las clásicas o las grandes vueltas.
Van der Poel lo resume con una frase que explica la dimensión histórica del intento: Nadie ha ganado títulos mundiales en todas las disciplinas. Eso sería algo especial
. En su caso, no se trata solo de sumar otro triunfo, sino de cerrar un círculo que ningún corredor moderno ha completado con ese nivel de transversalidad.
La asignatura del MTB también arrastra antecedentes complicados. Van der Poel ya ha intentado alcanzar la gloria mundial y olímpica en esta disciplina sin conseguirlo, con episodios que han reforzado la idea de que su talento no basta por sí solo cuando el calendario, la preparación y la especialización juegan un papel tan decisivo.
Lo que queda fuera de sus planes de 2026 es la Vuelta a España. Será, por tanto, la única gran vuelta en la que todavía no se ha estrenado. Aun así, el propio corredor ha dejado la puerta más que abierta: Vendré en algún momento, seguro. Al cien por cien. Es algo que haré antes de terminar mi carrera
.
Su relación con España, además, va más allá del calendario. Van der Poel reside y entrena habitualmente en la costa de Alicante, una zona que ha ganado peso entre ciclistas profesionales por su clima, sus carreteras y la variedad de terrenos disponibles durante buena parte del año. Amo España, es mi segundo hogar pero se está acercando cada vez más a ser el primero
, afirma.
Tras una campaña de clásicas con sabor desigual por la avería que condicionó su París-Roubaix, el campeón neerlandés entra en una fase de temporada con menos margen para la improvisación. El Mundial de MTB en Val di Sole exigirá una preparación quirúrgica si pretende competir contra especialistas puros, mientras que el Tour volverá a medir su impacto en una carrera donde su presencia siempre cambia la dinámica del pelotón.