Cada Navidad reaparece la misma preocupación entre los deportistas: la posibilidad de ganar peso durante las fiestas. En el caso del ciclismo, esta idea se ha instalado casi como un dogma, pese a que los datos fisiológicos y la experiencia real de muchos ciclistas dibujan un escenario bastante distinto al imaginario colectivo.

El equilibrio entre descanso, entrenamiento y alimentación en el periodo navideño
Desde el punto de vista del ciclismo, el aumento puntual de peso en Navidad suele estar más relacionado con cambios temporales en los hábitos que con un incremento real de grasa corporal. El organismo no almacena tejido adiposo de forma inmediata tras unos pocos excesos, especialmente en deportistas con una base aeróbica sólida y un volumen de entrenamiento regular.
En el entrenamiento de ciclismo, el gasto energético acumulado durante el año juega un papel clave. Los ciclistas que mantienen una rutina mínima de salidas, incluso más cortas o menos intensas, siguen activando los mecanismos metabólicos que favorecen el uso de grasas como fuente de energía. Esto reduce de forma notable el impacto de una alimentación algo más calórica durante unos días concretos.
La alimentación en Navidad suele incorporar más azúcares simples, grasas y alcohol, pero el problema aparece cuando estos patrones se prolongan en el tiempo. En la mayoría de casos, las celebraciones se concentran en un número limitado de comidas. Desde una perspectiva fisiológica, ese margen es insuficiente para provocar cambios estructurales relevantes en la composición corporal.
Otro factor poco considerado es el descenso del estrés competitivo. Para muchos ciclistas, diciembre representa una fase de transición dentro de la temporada. Reducir la carga de entrenamientos y desconectar mentalmente favorece la recuperación hormonal y muscular, algo fundamental para afrontar el nuevo año con garantías.
El peso corporal, además, no es un indicador fiable a corto plazo. Las variaciones que aparecen tras las fiestas suelen estar vinculadas a retención de líquidos o a una mayor carga de glucógeno muscular. Estos cambios desaparecen rápidamente al retomar la rutina habitual de entrenamiento y alimentación.
En el ámbito del Mountain Bike, el impacto es todavía menor. Las salidas técnicas, los desniveles acumulados y la participación de grandes grupos musculares generan un consumo energético elevado incluso en sesiones de menor duración. Esto convierte a la MTB en una aliada eficaz para mantener el equilibrio durante las semanas navideñas.
La clave está en evitar el abandono total de la actividad. No es necesario mantener la intensidad máxima ni seguir planes estructurados. Basta con conservar la regularidad y escuchar las sensaciones del cuerpo, priorizando el disfrute y la continuidad.
También resulta importante relativizar el componente psicológico. El miedo a engordar puede llevar a restricciones excesivas que, a medio plazo, resultan contraproducentes. Una relación flexible con la comida, integrada en un contexto activo, favorece mejores resultados que la obsesión por el control.
Desde una perspectiva deportiva, la Navidad puede convertirse incluso en una oportunidad. Ajustar objetivos, recuperar motivación y preparar el terreno para el inicio de la temporada permite arrancar el año con mayor frescura física y mental.
En definitiva, el supuesto aumento de peso navideño en ciclismo responde más a una percepción social que a una realidad fisiológica contrastada. Para los ciclistas que mantienen hábitos activos y coherentes, el impacto de estas fechas es mínimo y fácilmente reversible.